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Historia del Rock ArgentinoLa Renga - Despedazado por mil partesAño 1996 | Ilustraciones Marcelo Zeballos | Diseño Estudio Del Federico | Sello Polygram Discos Iba a ser un mundo congelado, fue un cuadro de una escena boschiana en la Plaza de Mayo y terminó ángel y demonio, juntos, en un mismo trazo. La trama y resolución de la tapa del disco que Tete lleva tatuada en su brazo construye una visión sintética del universo rengo, justo ahí, en el punto de ebullición de una banda de rock que se hizo carne (y tatuaje) en miles de jóvenes argentinos durante la década del 90. Marcelo Zeballos recuerda que el primer día que se reunió con Chizzo y Tete para charlar sobre la ilustración de tapa de Despedazado por mil partes se fue a su casa con una sola consigna en la cabeza: «queremos algo que sea como un mundo congelado». En el principio de todo, entonces, fue un mundo congelado… «Salí de la reunión blanco como un papel. La única frase que me había quedado clara en las dos horas que hablamos era ésa y pensé: ‹soy un boludo, no entendí nada de lo que querían, voy a desaprovechar la oportunidad que me dieron›.» El primer boceto se hizo sobre una hoja de 60 cm x 70 cm. «Compré una hoja bien grande, porque querían un mundo así, enorme, y traté de abarcar todo en una situación descontrolada, con un paisaje tétrico, complicado. Era como una escena boschiana, pero medio abstracta, con detalles mítico-religiosos, relacionados con la cultura universal. Había un Quijote, apóstoles, unas pirámides, una estatua de la libertad y también un ángel que si lo dabas vuelta era un diablo. Pero formaba parte del paisaje, estaba en un costado, chiquito, era un elemento más, no era la tapa ni era el foco del dibujo.» El mundo congelado de Zeballos resultó inabarcable para el 12 x 12 de la tapa del CD, pero Chizzo y Tete pensaron que el ángel/diablo era en realidad la imagen que estaban buscando para el álbum que, en una de sus canciones, profetizaba: «Un par de ojos negros te pueden robar la ilusión y no hay cura ni remedio que te haga ver mejor. La luna y mi suerte rompieron el encanto, perdí mi sueño en la noche que el ángel se hizo diablo» (‘El ángel suicidado’). «El ángel lo volví a dibujar para la tapa, con el círculo y el título del disco, tratando de darle una estética medio renacentista», concluye Zeballos, el diseñador gráfico que, dos años más tarde, volvió a jugar con la dualidad de un mensaje gráfico en la tapa del siguiente álbum de La Renga y que luego también realizó portadas para Villanos, Almafuerte y 448. La imagen del cuadro original (hecho en diversas técnicas, con pasteles, acuarelas y lápices de colores) figura en las páginas centrales del libro interno del CD, pero, en línea con el resto del arte gráfico del disco, aparece pixelado, saturado y fuera de foco.
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